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BARRERAS

28/06/2009
La falacia de la Ley de Dependencia
 
La Nueva España - José Manuel Corros Gómez (Vega Poja)
 
Me llamo José Manuel Corros Gómez, soy parapléjico desde hace 18 años por un accidente de tráfico.
 
Vivo en El Rayo, Vega de Poja (Pola de Siero). Hace unas semanas recibí una carta certificada del Ayuntamiento, en la que se me concedía una ayuda. Esta consiste en el pago de un tanto por ciento de la contratación de una empleada de hogar que limpie en mi casa. Asuntos Sociales me marca el precio por hora que es de 11,20 euros. ¿Qué ayuda es ésta cuando una señora de la calle me cobra 8 euros hora? Prefiero que no me la den. De acuerdo que puede haber gente más necesitada que yo, pero que no nos vendan la moto tratando esto como una ayuda. Como hacen con la ley de Dependencia. Nos lo ponen como el acuerdo pilar del Estado de bienestar y de no sé qué cuantas cosas más y luego es todo una falacia. Conozco casos de mis amigos que se la han concedido y lo que les dan por un lado se lo quitan por otro. Al hacerme socio del Patronato Deportivo Municipal de Siero me hicieron un 30 por ciento de descuento por mi minusvalía. En teoría, como cualquier usuario, tengo derecho a realizar todas las actividades que se imparten (sauna, gimnasio, kárate, yoga, pilates, etcétera). Mi discapacidad me impide participar en ellas porque no son específicas o porque los accesos a las instalaciones no están adaptados. Bueno, pues al poco de empezar en la piscina (que es de las pocas actividades de las que puedo disfrutar) van y quitan esa deducción que concedían a nuestro colectivo. En el Ayuntamiento me dicen que ese descuento está muy penado por ley. Señores, nosotros somos los primeros en querer igualdad, pero para todo, no sólo para pagar. Si pagamos lo mismo que el resto, esas actividades tendrían que adaptarlas a nuestro colectivo, sobre todo a la hora de poder acceder a las instalaciones.
 
El tema de las barreras arquitectónicas ya es algo que me supera. Verán, hicieron un centro de salud no hace mucho y no tiene servicio de minusválidos, mientras el antiguo sí lo tenía. Construyen un campo de fútbol nuevo y si llueve no podemos acceder a la grada a atecharnos porque sólo hay escaleras. Servicios para discapacitados tampoco tiene. Edificios públicos, llámese juzgados, correos, estación de autobús y tren, están en las mismas condiciones. Nos vamos al concejal de turno a reclamar y dice que hay edificios públicos en que el Ayuntamiento no tiene competencias. Me pregunto yo: ¿no son los ayuntamientos los que dan la licencia de ocupación, una vez comprobado que el edificio cumple con todas las normas de edificación?
Lo más increíble aún fue el otro día que voy al edificio de Asuntos Sociales y no puedo acceder a las oficinas porque la silla de ruedas en la que me desplazo no entra por la puerta, ¡increíble pero cierto!
 
Conclusión: los edificios antiguos no eran accesibles y los nuevos incumplen la ley de barreras arquitectónicas. Si esto no es discriminación, díganme ustedes qué es esto. Porque vamos, a la hora de pagar impuestos, somos ciudadanos como todo el mundo.
Artículo publicado en La Nueva España, el pasado sábado día 4 de julio, de una entrevista personal.
 


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